Un joven de 24 años murió en extrañas circunstancias a la altura del pje Pachi gorriti al 1825, exactamente bajo el puente que hacía de refugio para muchos jóvenes sin lugar donde pasar la noche. Se lo veía transitar la via del ferrocarril diariamente acompañado de jovencitas que estaban en su misma situación. Son parte de un grupo mucho más grande denominados piperitos que se van desplazando de distintas zonas de la ciudad buscando durante el día refugio de las vías, puentes y cualquier otro lugar que les permita cubrirse de las inclemencias del tiempo y de las denuncias de los vecinos.
La mayoría de estos jóvenes fueron judicializados durante su niñez, con familias que no querían hacerse cargo o directamente sin familia que pueda acogerlos. En algunos casos se trata de padres y madres adictos a las drogas, o padres vulnerables al alcohol, padres detenidos en las cárceles por algún delito, prostitución, discapacidad de los padres o porque simplemente los padres y la familia deciden no hacerse cargo o no están en condiciones de hacerse cargo.
Desde ese momento en que se detecta un niño con problemas el estado actúa, existen los derechos del niño, y una jueza decide su incorporación a un hogar o dispositivo donde son contenidos y separados de acuerdo a la edad. Desde allí algunos podrán ser adoptados y otros seguirán en el dispositivo hasta cumplir los 18 años, momento crítico en que solo el seguir estudiando permitirá que el estado los siga acompañando hasta los 24 años. A partir de esta edad el estado se desentiende definitivamente del joven que paso una vida dentro de un dispositivo.
En caso de cumplir los 18 años y no decidan estudiar, los jóvenes egresados dejaran de recibir el PAE, que es una ayuda mensual de 400 mil pesos y el alquiler de un espacio para vivir.
La mayoría de los jóvenes reciben unos pocos meses esta ayuda y dedican su vida a transitar las vías y zonas de alto consumo como lo es el bajo.
Existen excepciones muy festejadas por la secretaria de la niñez donde algunos jóvenes decidieron el camino del estudio, el de formalizar una familia y dar contención a sus niños y el amor que no recibieron de sus familias. Estos jóvenes existen pero son los menos lamentablemente.
Cada niño abandonado no pidió nacer, cada niño abandonado fue fruto de una no responsabilidad nublada por el alcohol, las drogas, la no madurez y toma de conciencia de lo que significa tener un hijo en condiciones vulnerables.
Si bien es cierto, la mayor parte de estas situaciones, la madre, el padre y su familia son el reaseguro de que el niño recibirá la atención necesaria para que el niño pueda llevar una vida digna y protegida por todos los derechos que le asisten, también es cierto que hay niños que desde que nacen están condenados a sufrir, que es el caso del joven Ivan, un joven que paso por dispositivos y que a pesar de que el estado posee personal idóneo y jueces, no lograron ayudarlo con su enfermedad.
Un llamado de atención terrible y doloroso similar a la situación de la joven madre del niño Thiago ya fallecido, que también paso por dispositivos de contención del estado y que son las muestras de que algo no está bien, que existe una falla en la contención de los jóvenes y en el futuro de ellos.